...El Principito fue a ver nuevamente a las rosas: No sois en absoluto parecidas a mi rosa; no sois nada aún -les dijo-. Nadie os ha domesticado y no habéis domesticado a nadie. Sois como mi zorro. No era más que un zorro semejante a cien mil otros. Pero yo lo hice mi amigo y ahora es único en el mundo.Y las rosas se sintieron bastante molestas. Sois bellas, pero estáis vacías -les dijo aún-. No se puede morir por vosotras. Sin duda que un transeúnte común creerá que mi rosa se os parece. Pero ella sola es más importante que todas vosotras, puesto que es ella la rosa a quien he regado. Puesto que es ella la rosa a quien puse bajo una campana de cristal. Puesto que es ella la rosa a quien abrigué con un biombo. Puesto que es ella la rosa cuyas orugas maté (salvó dos o tres que se hicieron mariposas). Puesto que es ella la rosa a la que escuché quejarse, o alabarse, o también, algunas veces callarse. Puesto que es mi rosa.
Y se volvió adonde estaba el zorro:
- Adiós -dijo.
- Adiós -dijo el zorro-. He aquí mi secreto. Es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.
- Lo esencial es invisible a los ojos -repitió el Principito, a fin de acordarse.
El año pasado lo leí con otros ojos en el diplomado de coaching y quiero compartir algunas preguntas a propósito de este maravilloso libro y sus personajes:
¿Qué ámbitos de tu vida te estás perdiendo por ocuparte de "cosas serias"?
¿A quién no estás escuchando por estar "muy ocupado"?
¿Cómo juzgas tu capacidad para cuidar aquello y aquellos que tienes a tu cargo?
¿Qué te tiene cansado de tu forma de ser adulto?
¿Qué es aquello que te hace único en el mundo, cuáles crees que son tus dones?






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