Contarse la vida a retazos es una tarea compleja si no se dispone de todo el tiempo del mundo y si las condiciones ambientales tampoco cooperan, si hay premura y secreto... Pero la voluntad supera las trabas y lentamente se va reestableciendo el antiguo clima, el calor, el contacto visual, las palabras y los silencios. Hemos pasado por tantas cosas, tú y yo. Todas. Separados y juntos. Siempre a la distancia, existió un saludo, una llamada, un recuerdo. A veces logramos estar juntos por un día, unas horas. Jamás nos olvidamos, no podemos excluirnso de las vidas que llevamos en la formalidad. Es incomprensible para cualquier espectador...un amor interminable? una amistad más profunda? ...qué? Ahora nos sentamos a preparar el simulacro de diálogo que antecede el más terrible tema que jamás, ni en una pesadilla imaginamos que deberíamos conversar. Miro tu hermosa cabeza, tus ojos nobles rodeados de finas líneas de tristeza, tus manos que nerviosas comunican lo que no dice tu voz. Quisiera ser tan sabia, tan oportuna, y temo apresurarme, decir menos, no sobrepasar lo permitido. Me tenso, me late fuertemente el corazón y tiemblo. Sólo cuando siento la tibieza de tu piel, llega a mi la calma y logro susurrar alguna frase. Pero definitivamente fallo, me siento errada, carezco de todo lo necesario para un momento así. Permanezco en silencio y te acaricio la cara, abrazo tus hombros, beso tu mejilla. Me acerco a ti, dándote con tanta tristeza todo lo que soy, mi persona. LO único que tengo para un dolor sin medida. Entiendes mi mensaje, y sin premura, lentamente me acercas a tu cuerpo. Permaneces largo minutos con tu rostro pegado al mío. Siento como se mezclan como en una ola gigante, la furia y el amor, el dolor y el consuelo. Y es así, como una primitiva mujer que ignora las palabras, que me abro como una flor de restallante color y te acojo para mecerte y acunarte como a un niño. Para retroceder a tiempos inmemoriales y entregar lo único que acude en mi auxilio: lo que soy. Jamás habíamos tenido un encuentro tan triste y tan bello. El dolor por el que pasas, se ha detenido unos instantes, has recibido el consuelo que no pudieron las palabras. Soy torpe, soy necia.Soy un ser que carece de lenguaje...los vocablos se han evaporados, se han ido como palomas, estoy muda. Te miro largamente, me sumerjo en esos ojos negros y sin mediar una palabra, percibo la humedad que los empaña al mismo tiempo que a los míos. Lloramos en silencio, dándonos calor desde lo íntimo de cada uno y comprendo que si no pudimos estar juntos, nunca estaremos separados y que desde un lugar especial, extraño e ignorado, tu hija nos observa con ternura y algo de risa. Ese ha sido mi regalo, mi obsequio, la manera en que te he cubierto con lo que tengo de fortaleza y pueda servirte. Te quiero. Después de tantas vidas y algunas muertes.


Que honesta
y sincera para compartir tan viva experiencia. Gracias por compartirla.
Un abrazo